Al día siguiente me levante temprano, tome una mochila, metí unos guantes y varios artículos de limpieza, me dirigí a la sala, la madre de Eugenio estaba sentada mirando la televisión, le di un beso en la sien y salí de la casa, caminaba en dirección a la cabaña, el amanecer era hermoso, los rayos de sol caían delicadamente sobre el suelo, del mismo desprendía el delicioso aroma a tierra mojada, el pasto aun se veía húmedo tras la pequeña tormenta que hubo en la madrugada, dejó su huella en algunas flores como si quisiera decir que aun estaba su presencia.
Tome un callejón para llegar más rápido al centro, camine por el puente, me detuve justo en medio, corte una rosa que brotaba de la hierba adherida al mismo y la tire al rio.
-Para mi pequeña
Seguí caminando y por fin llegue a la cabaña, baje la mochila y saqué todo, me puse los guantes y comencé a limpiar, empecé por el piso; seguí con el comedor; luego con la sala, había muchos libros de arte por todos lados, las acomode en un librero que estaba junto a las escaleras, un foco se fundió así que fui a comprar más, de paso también compre comida.
Llegó la noche y comencé a planear en que hacer....
La secuestro? No, no, no, no es secuestro..... Solo la voy a tomar un día.... La voy a devolver.... Si!, no la voy a matar, solo quiero estar unos días con ella....
Cuando sería perfecto?, en dos días, si! en dos días ya todo esta listo, solo tengo que traer las cosas que están en casa de Eugenio y ya.
Regresé a casa, estaba demasiado cansado para seguir, metí las cosas que estaban debajo de la alfombra en la mochila, mañana las llevaría a la cabaña.
Me acosté para dormir y comencé a pensar en mi muñeca.
-Pronto estaremos juntos nena....
Al día siguiente me dirigí a la cabaña, tomé el atajo de siempre, por el callejón y ahí estaba ella....
<Carajo!, que hago!> Saqué el cloroformo y lo vertí en un trapo, estaba un poco nervioso, me puse una gorra negra que metí en la mochila, me acerque a ella, trate de no hacer ruido, para mi suerte mis tenis no hacían ruido.
Rápidamente con mi mano derecha tape su boca con el trapo y con la otra la sujete de la cintura, ella intentó luchar pero no pudo hacer mucho, más que patearme en la espinilla.
Una vez que quedó inconsciente la cargue con ambos brazos, me sentí tan lleno, tan completo, como si hubiera ganado un trofeo. Pasamos el puente y llegamos a la cabaña, abrí y la recosté por un momento en el colchón.
Baje corriendo al sótano a acomodar todo, puse una sabana limpia en la camilla, puse las cintas y las cadenas en su lugar, al parecer ya solo faltaba mi muñeca. Suspiré y subí corriendo.
La miré por unos minutos, me recosté junto a ella, se veía tan dulce durmiendo, roce su nariz y sus labios. <Ohhh tus labios.... Se veían tan rojos y carnosos...>
Me acerque lentamente a su rostro, cerré los ojos y comencé a tocar sus labios con los míos, sentía su respiración, sentía su tacto.... abrí los ojos y miré sus pestañas, esos parpados tan blancos, la tome en brazos y la baje al sótano, la coloque en la camilla, le quite los tenis y acaricie su pie descalzo. Comencé a sujetarla, se veía tan hermosa, saqué una cámara que encontré en el desván y empecé a tomarle fotos.
-Por fin juntos mi pequeña muñeca, solo falta que despiertes.
Continuara....
Escritora: Mikaeli Roa
Fotógrafo: Neftalí Hdz
Modelo: Aldo Méndoza, Jorge Ojeda y Meli Roa

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