El viajaba mucho para estar conmigo, en ese entonces no
tenia coche, así que tenía que caminar una distancia y después tomar camión,
antes de esto sus papas rentaban en un lugar más céntrico en la ciudad en la
que vivo, pero con esfuerzos su papa pudo comprarse un terreno a las afueras de
nuestra ciudad y empezó hacer su casa, yo la verdad ignoraba el largo viaje que
tenía que hacer para llegar hasta mi casa, lo entendí hasta que me invito años
después cuando ya tenían avanzada la construcción.
Una tarde que estaba yo con mi Hna. en Cristo Olivia llego
mi gran Amigo Luis Alberto, el era muy raro que anduviera triste o preocupado,
siempre tenía una sonrisa, y algún comentario para hacerte reír, le encantaba
cantar conmigo y tocar la guitarra, sin embargo esa tarde llego con su rostro,
no sé si decir triste o molesto.. Algo entre esos dos sentimientos.
Mi Hna. En Cristo Olivia le hablo del Amor de Jesús por él y
le pregunto que si quería recibirlo en su corazón, el acepto, y después de
hacer una Oración, su rostro cambio, como si se le hubiera quitado una gran
carga que traía..
Muchos, muchos días después, me dijo Luis Alberto;
-Siéntate Rapha, voy a platicarte que me ha ocurrido algo,
resulta que para llegar a mi casa, después de descender del camión tengo que caminar por una vereda que
de lado a lado hay cultivos de maíz, pues tenía semanas que a medio camino me
salían dos hombres con machete en mano y me quitaban el poco dinero con el que
regresaba a casa, era para mí algo muy feo pues se ponían muy agresivos, ya no
sabía si llorar o gritar de coraje, pero desde que recibí a Jesús no me han
vuelto a salir, no sé qué pasaría con ellos.. y Gracias a Dios ya paso
tranquilo sin preocuparme.-
Fue un
testimonio muy bonito el que me dio mi mejor amigo Luis Alberto.
Me sentí con
un gozo muy grande al saber que había recibido bendición y que podía
compartirlo.
Varias veces
canto conmigo en el templo.
Donde quiera
que este se que Dios seguirá cuidando de él, pues lleva su sello en su corazón.
Un sello
eterno llamado JESÚS.
Aunque ande en valle de
sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Salmos 23:4
He aquí, yo estoy a la puerta y
llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y
él conmigo.
Apocalipsis 3:20
Raphael
Roa
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