jueves, 5 de julio de 2018

El sujeto (capitulo 1)

Hoy se cumple un año desde aquel accidente, yo siento que ya lo supere, aunque él molesto de mi psicólogo diga lo contrario, supongo que tiene razón, no creo que sus papeles, diplomas y no sé que más solo estén de adorno.
Pero bueno; yo me siento bien y eso es lo que importa no?
Es mi primer día de clases y como siempre... Llegare tarde.
-Dime que ya estas lista por favor!- gritó mamá desde el piso de abajo.
-Si... Eso creo... jajaja- conteste mientras me levantaba de la cama.
Me puse mi vestido favorito, el que se abrocha de enfrente hasta el cuello y tiene la espalda un poco descubierta, mis tenis negros, me hice una coleta lo más rápido que pude, tome mi mochila y me dirigí hacia donde estaba mamá.
Ella es algo joven para tener 3 hijos. Mi hermano mayor Eliam, yo que soy la mediana Eider y la pequeña Jamil. Respeto mucho a mi madre ya que ella sola supo como sacar adelante a 3 hijos revoltosos, siempre tan cálida que te dan ganas de abrazarla cada vez que la ves, aunque también tiene su carácter la señora Kayla Rizzo.
-Mmm que rico huele... Aaaa se alborotan mis tripas- dije sobandome el estómago. 
Antes de sentarme, le di un beso en la cabeza a Jamil y fui a abrazar a mamá, Eliam ya estaba comiendo, ni siquiera se digno a mirarme. Desde aquel accidente no me dirige mucho la palabra, creo que se siente culpable por lo que paso.
-Hey... Hoy podemos regresar juntos de la escuela? pregunte a Eliam.
El tipo me miro como si le hubiera dicho el peor insulto del planeta.
-Tengo que ir a un lugar- dijo el cara de director malhumorado. 
Terminamos de desayunar, mamá se despidió y se fue con Jamil.
Eliam y yo nos dirigimos a la parada del autobús, mientras esperábamos, mire a mi hermano y comencé a recordar como eramos antes del accidente, jugábamos todo el tiempo, haciéndonos bromas en cualquier lugar, él sonreía mucho, sabía que podía contar con él en cualquier momento... 
Pero ahora solo tengo a un bulto con patas junto a mí, tan inexpresivo, con sus audífonos.
-Me escuchas...?- dije algo tímida
No obtuve respuesta, pensé en patearlo, golpearlo o incluso morderlo, pero el autobús arruinó mis planes.
Me senté pegada a la ventana y él en el asiento de atrás, en eso comenzó a llover y a empañarse al cristal, así que decidí dibujar cosas en el vaho. Cuando eramos pequeños, Eliam y yo siempre lo hacíamos y él terminaba convirtiendo a mis princesas en dinosaurios.
Esperé a que él arruinara mis queridos dibujos pero cuando voltee tenía los ojos cerrados, pensé en dibujarle algo en la cara pero justo cuando estaba por tocar su piel con el plumón, él abrió los ojos lo cual provocó que diera un grito ahogado.         
Al llegar a la escuela, fui a recoger mi nuevo horario, lo trate de memorizar y me di cuenta que efectivamente había llegado tarde, me tocaba clase de literatura, no era mucho de mi agrado pero no estaba mal como para iniciar el día.
-Solo espero que sea buena gente el maestro y me deje entrar- dije mientras caminaba al salón.
Entre al salón pidiendo permiso, tratando de divisar a mi mejor amigo. Llegué a mi asiento y él maestro me miro con cara de pocos amigos y siguió con su clase.
-Llegas tarde.... Como siempre...- dijo mi mejor amigo dándome un golpe en la frente.
-Si ya sabes como soy...jajaja, pero ya llegue, yo sé que me extrañabas- dije sacando mi libreta y lapicero.
Las primeras clases se me hicieron eeeteerrrnnaass, casi me cabeceo en filosofía de no ser por Connor, que me aventaba bolas de papel y me daba codazos cada vez que veía que cerraba los ojos.
Llego receso y fuimos a comprar nuestro dote de golosinas, llegamos a una banca y a lo lejos pude ver a mi hermano con sus amigos.
Connor y yo nos pusimos al día, me contó de su viaje y todas las locuras que hizo en el.
-Hey... Tendrás que repetir tus fechorías en ese viaje, sino te voy a morder una oreja!- exclamó mi amiga tomando lugar junto a Connor.
-Para que llegas tarde...- dijo Connor mientras se cubría las orejas.
Connor tuvo que repetir todas sus aventuras al grupo de chifladas que acababan de llegar.
Si, chifladas así las llamaba mamá, además de que les quedaba bien el apodo.
El cual lo conformaban Eliana, una chica delgada, muy blanca, con mucha personalidad, le tenía un gran aprecio ya que gracias a ella he hecho muchas locuras, como el día que fuimos a gritar a un puente. Están las gemelas Miranda y Kara, son las más raras de nuestro pequeño grupo social, ya que les encanta vestirse igual y por último Michelle, alias Miki, es la más chistosa de todas, tiene una gran fascinación por los gatos tanto que aveces creemos que algún día se le botara la canica y se querrá comportar como uno.
-Eider y tú que hiciste en vacaciones?- preguntó la chica gato.
-Pues lo normal, ya sabes... Cuidar a Jamil, comer como loca, ir a ver a mi psicólogo.
En eso vi como los ojos de Eliana se agrandaron y al momento de querer decir algo, Miki volvió a hablar.
-Por cierto, cómo estas? ya pasó un año desde aquel accidente no?
-Yo... - hice una pausa y se me detuvo el mundo.
-Cállate Miki!- le dijo una de las gemelas- Que no ves que aun no esta del todo bien...




                                                      Continuara...
Escritora: Mikaeli Roa




2 comentarios:

  1. He leido atentamente tu relato, no sabia que vas para escritora, me parece muy bien. Esperare con ansia el segundo relato. Un fuerte abrazo.

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    Respuestas
    1. Hola, muchas gracias xD siii ajajaja estoy intentando ser una escritora:3
      Gracias en verdad ❤
      Att: MeliRoa

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