Desperté emocionado por las ganas de verte, me vestí,
desayune algo.. Guantes, cascos, chalecos y un amanecer de ensueño… las calles vacías
y los semáforos regalándome el paso para continuar mi camino… llegué 20 minutos
antes de nuestro encuentro.
La gente a mí alrededor se extrañaba de mi presencia.
Y al verte venir dando la vuelta a la esquina, todo se
detuvo.. Tu pelo, tu rostro, tu paso firme al andar.
Con ternura te despediste de tu hijo, volteaste buscando mi
mirar… tu sonrisa me atrapo.
Arranque mi moto, la incline a un lado para que subieras con
facilidad. Sentí tus manos apoderándose de los bolsillos de mi chaqueta… y emprendí
nuestro andar.
Siempre tratándome como si fuera la primera vez que
manejara, siempre cuidando de mi..
No te lo negare, frenaba bruscamente para sentirte más cerca
de mí, aceleraba un poco más para que me abrazaras más fuerte.. y toda
distancia a tu lado se me hizo poca, y todo lugar lo llenaste de ti..
Con el paso de los años aprendiste el valor de las palabras,
me doy cuenta cuando te digo;
“TE QUIERO” y tu silencio hace eco muy dentro de mí…
Y así pasan los días, y cuando menos espero saber de ti. De momento
entras a mi vida para volver a llenar de esta energía que mueve mi moto más que
cualquier combustible que pueda existir.
No quieres que seamos mas.. “Amigos” dices tú. Pero tomas mi
mano y te pierdes mirando mis ojos, y puedo llegar a sentir tus sueños cuando
vas conmigo en mi moto.
Hoy no sé donde andas..
Pero sé que mañana llegaras como siempre, con mi nombre en
tus labios, tu sonrisa y esa mirada que no quiero olvidar.
Entre tanto recuerda.. Mi Moto te espera!
Raphael Roa
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