viernes, 26 de agosto de 2016

Muchos son llamados pero pocos..

Un chico de familia numerosa, había emigrado a los estados unidos a trabajar para salir adelante pues la economía aquí es muy difícil. Después de varios años uno de sus hermanos le aviso que tenía que regresar pues su mama estaba muy grave, a los pocos días de haber llegado a México su madre falleció, el había estado ahorrando y decidió poner un local para rentar computadoras cerca de mi casa, empezó con dos computadoras, y al paso de un año logro tener 8. En aquel entonces apenas iniciaba internet, yo era nuevo en todo esto y uno de sus grandes clientes, pues le rentaba a veces hasta por 4 horas, así nos hicimos amigos, poco a poco fue conociendo a mi familia, a mis amigos y vecinos. Héctor era un tanto enigmático, de carácter fuerte, con un gran corazón y lo que siempre le admire fue su humildad.
El era católico y pues al año de la muerte de su mama me pidió que de favor le cuidara el negocio, así que por 8 días por 3 horas estaba yo a cargo. Las horas más pesadas, lo que más me ponía nervioso era imprimir pues en ese entonces era todo un lio poder imprimir de internet, sin embargo creo que no lo hice tan mal.
Una mañana llegue a saludar a mi amigo Héctor. A lo que él me pidió que no entrara al negocio, saco una silla y afuera del local me hiso sentarme en ella. Para mí era excelente pues el aire de la mañana era fresco y el paisaje era bonito. Y mientras yo miraba los autos ir y venir, cual fue mi sorpresa que Héctor saco un cajón se puso de rodillas y tomo uno de mis pies, rápido me levante y lo agarre del brazo para levantarlo mientras le preguntaba; que estás haciendo?
El se sonrió, me hizo volverme a sentar, tomo uno de mis pies, y me dijo: Rafa, voy a bolearte los zapatos!.. Saco la grasa, cepillo y sonriendo se puso a chiflar su canción favorita.
 Y ahí estaba, dueño de un local, quien sostenía a su papa, y le paga la universidad a uno de sus hermanos, boleándome los zapatos..
Estaba feliz de su trabajo, tanto que durante todo el día me hizo cuidar mis zapatos para que no los fuera yo a ensuciar.. a él le debo el haber conocido a “el amor de mi vida” con la que me case y fui feliz durante 10 años.
Muchas veces le invite a mi iglesia, y siempre me rechazo, me decía que había mucho poder ahí..
Y que tenía miedo de que al ir, se convirtiera.. Sus palabras me sorprendieron, pues fue como reafirmar que  el mismo mundo sabe del poder de la palabra de Dios.
Lamentable mente nunca le pude convencer.
Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
Mateo 22:14

Raphael Roa

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